29 de marzo de 2025

La Cruzada del Océano


José Javier Esparza
La Cruzada del Océano (2015)

La Cruzada del Océano é uma revisitação histórica do "Descubrimiento", desde os antecedentes imediatos da viagem de Cristóvão Colombo que, na tentativa de encontrar a rota ocidental para Catai e Cipango, foi levado à descoberta da América, em 1492. As riquezas imaginadas não se concretizaram, salvo em casos pontuais, e o vice-reinato de Colombo, devido por contrato com a coroa, nunca arrancou verdadeiramente. Com base na ilha La Española, os primeiros anos foram marcados pela dificuldade em assegurar a própria sobrevivência, com colheitas desastrosas, doenças, quando não motins e conflitos com os indígenas, que colocavam em causa a própria colonização. Simultaneamente, outros navegadores exploravam intensivamente as costas do novo continente, fora da área de jurisdição de Colombo, o que resultou num rápido reconhecimento do território. Nos anos seguintes, com a exploração da Terra Firme, os espanhóis encontram por fim a riqueza que procuravam, e o livro descreve com suficiente pormenor as campanhas de exploração e conquista de cada um dos novos territórios, da Califórnia à Terra do Fogo e das ilhas do Pacífico às Filipinas, com as suas luzes e sombras, desmontando a "lenda negra" vulgarmente associada ao empreendimento, mas recusando igualmente a "lenda cor-de-rosa" que alguns tentariam contrapor. Há um compreensível destaque para as campanhas de Fernando Cortez e Francisco Pizarro, as primeiras cinco ou seis décadas, até meados do séc. XVI, mas também a referência a eventos posteriores que igualmente contribuíram para esta aventura épica. O livro termina com um balanço final do que significou, para os dois lados do Atlântico, a presença espanhola no continente americano ao longo de mais de três séculos.

En efecto, en la España de la época —como, por otro lado, en la mayor parte de Europa—, el modelo ideal de vida, el objetivo al que un hombre cabal debe aspirar, no es otro que la nobleza, el señorío. Los colonos españoles no fueron a América para fundar prósperas granjas y crear rentables negocios. En la Europa del temprano siglo XVI no se concedía gloria alguna al trabajo económico; solo en la península italiana había empezado a desarrollarse una justificación moral del dinero y aún harán falta muchos años para que el burgués sea un hombre respetable (un proceso, todo sea dicho, que corre paralelo a las necesidades de financiación del Estado). No, los españoles no fueron a las Indias para convertirse en opulentos rancheros; fueron para vencer en buena lid a los indígenas, ganar tierras —y brazos que la trabajen—, recoger oro y, con esos títulos, alcanzar fama y posición. Se ha hablado mucho de la sed de oro de los conquistadores, pero enseguida hay que subrayar que esa codicia no era propiamente económica, sino más bien social. El español del XVI no quiere ser rico. El español del XVI quiere ser señor. El oro solo es el instrumento.
La mentalidad de los conquistadores no era económica: era completamente caballeresca, medieval. Los capitanes son jefes de hueste; sus hombres se ven a sí mismos como caballeros, y ello aunque su condición social sea de lo más humilde. El mundo mental del español medio en este tiempo es el de las novelas de caballerías. La gran colección de libros de caballerías había comenzado a publicarse en España en torno a 1496, cuando aparece el Amadís de Gaula. En un siglo se publicarán por lo menos cuarenta y dos títulos, y consta que todos ellos salieron hacia América en cantidades inmensas. El español que llega a América se siente un caballero andante. Y lo que encuentra allí le parecerá todavía más fascinante que lo que ha leído en los libros: «Si no fuese porque estas historias contenían encantamientos —escribirá más tarde el cronista Pedro de Castañeda, que participará en una de las expediciones de Coronado por Norteamérica—, hay algunas cosas que nuestros españoles han hecho en nuestros días en estas partes, en sus conquistas y encuentros con los indios, que como hechos dignos de admiración sobrepasan no solo a los libros ya mencionados, sino también a lo que se ha escrito sobre los doce Pares de Francia».
[...]
Las Filipinas son 7100 islas. Hasta entonces estaban habitadas por decenas de etnias distintas y enfrentadas a muerte. Hoy los historiadores filipinos reconocen que la llegada española supuso la pacificación del archipiélago. No hubo una mortandad como la americana porque la población filipina, a diferencia de la amerindia, no había vivido en un ecosistema cerrado, luego los virus importados por los europeos no tuvieron los letales efectos que en América. Y tampoco hubo una explotación como la de las Indias, porque los españoles ya habían sacado las consecuencias oportunas de su propia práctica imperial; de hecho, aquí los nativos jamás pagaron tributos a los españoles. Los misioneros se encargaron de mantener pacificados a los indígenas, acabando con las guerras tribales; la evangelización progresó velozmente. En poco tiempo el español se convirtió en lengua franca de los filipinos. Mientras tanto se extendía el uso de la rueda y el arado, y se creaban caminos, puentes, rutas estables de navegación. En 1611 los dominicos fundaron en Manila la primera universidad de Asia: la de Santo Tomás. El archipiélago se convirtió en centro de una vida comercial intensísima: aquí se centralizaba el tráfico con el Sudeste Asiático, que luego partía hacia México en la ruta del Galeón de Manila. Así el Pacífico se convirtió en el «lago español». Esa fue la gran obra de los guipuzcoanos Legazpi y Urdaneta.

12 de marzo de 2025

Habla un Exorcista


Gabriele Amorth
Habla un Exorcista (1990)

Habla un Exorcista é a tradução espanhola de Un Esorcista Racconta, o primeiro livro publicado pelo padre Gabriele Amorth sobre este tema. Por comparação com El Último Exorcista, que li há alguns meses, é um livro de cariz mais teórico, embora refira também alguns exemplos da sua experiência na prática de exorcismos. É, portanto, um livro que realça o suporte doutrinal dos textos sagrados, reflectindo sobre a evolução histórica da Igreja relativamente a esta prática, deixada de algum modo num limbo com as últimas reformas no século XX.

No se crea que soy el único que se ha dado cuenta de las tonterías formuladas por ciertos teólogos. Parece que muchos de ellos han asumido como a un nuevo padre de la Iglesia a Rudolf Bultmann, que, entre otras cosas, ha escrito: «No es posible servirse de la luz eléctrica y de la radio, o recurrir en caso de enfermedad a los modernos descubrimientos médicos y clínicos, y al mismo tiempo creer en el mundo de los espíritus y los milagros que nos propone el Nuevo Testamento» (Nuovo Testamento e Mitologia, Queriniana, 1969, p. 110). Asumir el progreso técnico como prueba indiscutible de que la palabra de Dios queda sustituida, no es más que un disparate. Pero muchos teólogos y biblistas creen que no están «al día» si no siguen esas directrices. En el citado libro de Lehmann aparece una interesante estadística sobre los teólogos católicos: dos tercios de ellos aceptan en teoría los datos tradicionales sobre el demonio, pero los rechazan cuando son aplicados en la práctica pastoral; es decir, no quieren oponerse frontalmente a la Iglesia, pero en la práctica no aceptan sus enseñanzas (p. 115). También resulta interesante otra observación estadística: los teólogos católicos demuestran un conocimiento demasiado superficial de la posesión diabólica y los exorcismos (p. 27). Es lo que yo he dicho.
Plenamente consciente de esta situación, la Congregación para la Doctrina de la Fe encargó a un experto estudiar el asunto y promulgó un documento que fue publicado en L'Osservatore Romano el 26 de junio de 1975 con el título «Fe cristiana y demonología»; ese estudio fue luego incluido entre los documentos oficiales de la Santa Sede (Enchiridion Vaticanum, vol. V, núm. 38). Reproducimos algunos pasajes del mismo. Su principal objetivo es instruir a los fieles y particularmente a los teólogos estrambóticos que soslayan la existencia de Satanás en sus estudios y enseñanzas, mientras que Cristo «bajó del cielo y se encarnó para destruir la obra del demonio» (1 Jn. 3, 5). Eliminando la existencia del demonio, anulamos la redención; quien no cree en el demonio, no cree en el Evangelio.


Li anteriormente:
El Último Exorcista (2012)

8 de marzo de 2025

Pipá


Leopoldo Alas "Clarín"
Pipá (1886)

Leopoldo Alas publicou no seu tempo um punhado de novelas curtas e umas dezenas de contos, reunidos em livros como Pipá (1886), Cuentos Morales (1896) ou El Gallo de Sócrates (1901). Ao longo dos anos têm sido reeditados, com os alinhamentos originais, ou reagrupados de diferentes formas sob outros títulos. Pipá foi a primeira destas colecções; além da novela curta à qual deve o título, escrita em 1879, encontram-se oito contos, escritos entre 1882 e 1884.
O primeiro excerto abaixo citado pertence a Pipá, um conto de Carnaval quase como um conto de Natal, onde um pequeno maltrapilho, após algumas peripécias para se mascarar de defunto, acaba inesperadamente por ser recebido na casa de uma marquesa, para satisfazer a curiosidade e capricho da sua filhinha; assim acede a um mundo de abundância e luxo para além da sua imaginação. Porém, rapidamente se recorda dos seus amigos, e foge da mansão para se lhes reunir numa taberna, onde se embriaga ao ponto de não ter consciência do incêndio que ali deflagra e lhe retira a vida. O segundo excerto é de Bustamante, a história de um provinciano, autor de charadas e logogrifos publicados em jornais, que decide ir a Madrid para se encontrar com um deputado. Em vez disso, cai no meio de um grupo de estudantes boémios, para cujo jornal tinha colaborado, e, sem saber exactamente como se comportar na sociedade da capital, vê-se arrastado num carrocel de eventos que não consegue descodificar. Poder-se-ia destacar também Zurita, que encerra o livro, onde os dilemas filosóficos atormentam comicamente o personagem principal. Todos os contos, no entanto, são dignos de nota, percorridos pela ironia e um refinado sentido de humor.

Pipá era maniqueo. Creía en un diablo todopoderoso, que había llenado la ciudad de dolores, de castigos, de persecuciones; el mundo era de la fuerza, y la fuerza era mala enemiga: aquel dios o diablo unas veces se vestía de polizonte, y en las noches frías, húmedas, oscuras, aparecíasele a Pipá envuelto en ancho capote con negra capucha, cruzado de brazos, y alargaba un pie descomunal y le hería sin piedad, arrojándole del quicio de una puerta, del medio de la acera, de los soportales o de cualquier otro refugio al aire libre de los que la casualidad le daba al pillete por guarida de una noche. Otras veces el dios malo era su padre que volvía a casa borracho, su padre, cuyas caricias aún recordaba Pipá, porque cuando era él muy niño algunas le había hecho: cuando venía con la mona venía en rigor con el diablo; la mona era el diablo, era el dolor que hacía reír a los demás, y a Pipá y a su madre llorar y sufrir palizas, hambres, terrores, noches de insomnio, de escándalo y discordia. Otras veces el diablo era la bruja que se sienta a la puerta de la iglesia, y el sacristán que le arrojaba del templo, y el pillastre de más edad y más fuertes puños que sin motivo ni pretexto de razón le maltrataba; era el dios malo también el mancebo de la botica que para curarle al mísero pilluelo dolores de muelas, sin piedad le daba a beber un agua que le arrancaba las entrañas con el asco que le producía; era el demonio fuerte, en forma más cruda, pero menos odiosa, el terrible frío de las noches sin cama, el hambre de tantos días, la lluvia y la nieve; y era la forma más repugnante, más odiada de aquel espíritu del mal invencible, la sórdida miseria que se le pegaba al cuerpo, los parásitos de sus andrajos, las ratas del desván que era su casa; y por último, la burla, el desprecio, la indiferencia universal, especie de ambiente en que Pipá se movía, parecíanle leyes del mundo, naturales obstáculos de la ambición legítima del poder vivir. Todos sus conciudadanos maltrataban a Pipá siempre que podían, cada cual a su modo, según su carácter y sus facultades; pero todos indefectiblemente, como obedeciendo a una ley, como inspirados por el gran poder enemigo, incógnito, al cual Pipá ni daba un nombre siquiera, pero en el que sin cesar pensaba, figurándoselo en todas estas formas, y tan real como el dolor que de tantas maneras le hacía sentir un día y otro día.
[...]
Aquello de empezar por decididamente se le antojaba a Merengueda un recurso del mejor gusto, porque parecía como que se seguía hablando... de lo que no se había hablado todavía.
A estas y otras tonterías del satírico, que debía vender dátiles, las llamaban sus admiradores «sencillez, naturalidad, facilidad».
—¡Qué fácil es el estilo de Merengueda!—decían.
Y sí era fácil, ¡como que así puede escribir cualquiera! Las ideas del redactor en jefe (pero sin subordinados) de El Bisturí corrían parejas con su estilo. Pensaba a la moda, y con la misma desfachatez y superficialidad con que escribía. Era materialista, o mejor positivista... Que no se le hablase a él de metafísica; la metafísica había hecho su tiempo, decía con un horroroso galicismo.
Había otro redactor de El Bisturí que se pintaba solo para criticar a todos los autores y artistas del mundo.
Era el primer envidioso de España, y en su consecuencia se le hizo crítico del periódico. Lo mismo hablaba y escribía de teatros, que de novelas, de poesía lírica, de historia, de filosofía, de legislación, de pinturas, de música, de arquitectura y diablos coronados.
Se llamaba Blindado y lo estaba contra todos los ataques de la vergüenza que no conocía. Hablaba en el Ateneo, donde se reía de Moisés y de Krause. Para censurar un libro que tratase materia desconocida para él (cualquier materia), comenzaba por enterarse de la ciencia respectiva por el mismo libro, y después de deberle todos sus conocimientos sobre el asunto, insultaba al autor, en nombre de la ciencia misma y le daba unas cuantas lecciones aprendidas en su libro. Si el caso era criticar un cuadro, recurría al tecnicismo de la música, y hablaba de la escala de los colores, del tono, de una especie de melodía de los matices, de las desafinaciones, de las fugas de color; pero si se trataba de música, entonces recurría a los términos de la pintura, y decía que en la ópera o lo que fuese, no había claro-oscuro, que la voz del tenor era blanca, azul o violeta, que las frases no estaban bien matizadas, que la voz no tenía buen dibujo, etc., etc. Todo lo decía al revés. También era positivista.
Los demás redactores de El Bisturí eran de las mismas trazas. Para ellos no había eminencia respetable, trataban al Himalaya como al cerrillo de San Blas.


Li anteriormente:
La Regenta (1885)

2 de marzo de 2025

Leviathan


Paul Auster
Leviathan (1992)

Leviathan não é o romance mais considerado de Paul Auster, recentemente desaparecido, mas foi o título que me deu a conhecer o nome do autor, na altura em que foi publicado.
É a narrativa, na primeira pessoa, de um escritor, Paul Aaron, sobre outro escritor, Benjamin Sachs, que conheceu numa sessão de leitura falhada, em meados dos anos 70. Na verdade, o livro começa pelo fim, quinze anos depois, com uma explosão, na qual Sachs perece, e com a visita de dois agentes do FBI a Aaron, em busca de informações sobre o falecido. Depois, toda a história é contada na reconstrução e recordação daquela amizade que ligou os dois escritores, o seu círculo pessoal e a interação dessas pessoas, com acercamentos e afastamentos, e de como Sachs abandonou a escrita, e os amigos, para se dedicar ao activismo bombista que acabaria por lhe custar a vida.
Como livro dentro do livro, Aaron decide escrever um livro chamado Leviathan em homenagem ao amigo desaparecido (o título pertenceria a uma obra que Sachs desistiu de terminar), e resumir a sua passagem por esses quinze anos. Aparte algumas coincidências inverosímeis que estruturam a narrativa, Aaron junta a sua experiência pessoal aos diálogos e divagações das várias personagens na construção de um percurso, que nem sempre é coerente, deixando propositadamente versões contraditórias dos acontecimentos, ou seja, verdades subjectivas, para que o leitor, de alguma forma imerso numa história com pontas soltas, possa fazer a sua própria reflexão.

Subimos para o telhado com os outros e, apesar da minha relutância inicial, estava contente por assistir ao fogo-de-artifício. As explosões tinham transformado Nova Iorque numa cidade espectral, uma metrópole sitiada, e eu saboreava a absoluta violência de tudo aquilo: o barulho incessante, as corolas de luz das explosões, as cores flutuando através de imensos dirigíveis de fumo. A Estátua da Liberdade erguia-se no porto à nossa esquerda, incandescente na glória das suas iluminações, e parecia-me que a todo o momento os edifícios de Manhattan iam saltar pela raiz, erguer-se do chão para nunca mais voltarem. Fanny e eu estávamos sentados atrás dos outros, com os saltos dos sapatos fincados para resistir à inclinação do telhado, os ombros encostados, falando sobre nada em particular. Reminiscências, as cartas que Iris mandava da China, David, o artigo de Ben, o museu. Não quero dar muita importância ao caso, mas, uns momentos antes de Ben cair, tínhamos desviado a conversa para a história que ele e a mãe nos tinham contado acerca da visita à Estátua da Liberdade em 1951. Dadas as circunstâncias, é natural que a história tenha surgido, mas não deixa de ser horrível, pois, mal tínhamos acabado de rir os dois perante a ideia de alguém cair da Estátua da Liberdade, Ben caía da escada de salvação. No instante seguinte, Maria e Agnes começaram a gritar. Foi como se o facto de pronunciarmos a palavra queda tivesse precipitado uma verdadeira queda e, mesmo que não houvesse uma relação entre os dois acontecimentos, continuo a sentir uma náusea sempre que penso no que aconteceu. Continuo a ouvir aqueles gritos das duas mulheres e continuo a lembrar-me da expressão no rosto de Fanny quando alguém gritou o nome de Ben, a expressão de medo que invadiu os seus olhos enquanto as luzes coloridas das explosões continuavam a fazer ricochete contra a sua pele.

25 de febreiro de 2025

Os Romenos, Latinos do Oriente


Mircea Eliade
Os Romenos, Latinos do Oriente (1943)

Mircea Eliade foi um estudioso da filosofia da religião que, desde muito novo, se habituou a percorrer o mundo, tendo permanecido em Portugal alguns anos no início da década de 1940, como adido cultural e de imprensa na embaixada romena. Interessado pelo nosso país, esta obra data dessa altura, revelando no prólogo o desejo de escrever outro livro paralelo, em romeno e para romenos, sobre a História e cultura portuguesas. Quanto a este livro, editado pela primeira vez em português, apesar do manuscrito original estar em francês, considera-o, na sua curta extensão, uma introdução e um esboço, mais do que um resumo, acerca do lugar ocupado pelos seus compatriotas na História. Está dividido em três capítulos: Origens e formação, Momentos essenciais na História dos romenos, e Vida espiritual dos romenos. O excerto escolhido pertence ao terceiro, e respeita a ortografia original.

Há um mito central em cada cultura, que a revela e se encontra em tôdas as suas grandes criações. A vida espiritual dos Romenos é dominada por dois mitos que exprimem, com espontaneidade perfeita, a visão espiritual que têm do Universo e a sua valorização da existência. O primeiro, é a lenda de Mestre Manole, que, segundo a tradição, edificou a magnífica catedral de Curtea de Argesh. Segundo reza a lenda, tudo o que Manole e os seus operários construíam durante o dia, desaparecia de noite. Para durar, o edifício tinha necessidade duma alma e esta só se alcançava mediante o sacrifício dum ser humano. Quando Manole e os seus operários perceberam a razão da caducidade das suas obras, resolveram emparedar, viva, a primeira pessoa que se aproximasse, ao amanhecer, dos estaleiros. De madrugada, Manole viu, ao longe, a sua mulher, com o filhinho ao colo, que lhe ia levar o almôço. Manole pediu a Deus que mandasse uma trovoada que fizesse parar a mulher no caminho. Mas nem o vento terrível nem a chuva torrencial que Deus mandou, acedendo à súplica, puderam deter a espôsa dedicada. E o próprio Mestre Manole teve de emparedar a sua mulher o filho, para cumprir o juramento e fazer durar a magnífica igreja — que, efectivamente, nunca mais se desfez dêsse dia em diante.
Esta lenda não é da criação do povo romeno. Encontra-se em tôda a parte no sudoeste europeu. A lenda é, afinal, a fórmula mítica e épica dum dos mais vulgarizados ritos existentes no mundo: os chamados «ritos de construção», que implicam a crença de que tôda a construção, para durar, deve ser «animada» pelo sacrifício dum ser vivo, homem ou animal. Mas a lenda romena de Mestre Manole é, segundo os folcloristas, a mais completa, a mais bela e a mais rica em significado espiritual. A inspiração poética popular criou, com êste têma, uma obra prima, que pode suportar comparação com os mais belos exemplares da poesia popular universal. O que nos interessa é o facto de os Romenos escolherem êste têma mítico e lhe darem uma expressão artística e moral incomparável. Escolheram-no, porque a alma romena reconhece-se no mito do sacrifício supremo, que faz durar uma obra construída pela mão do homem, quer a obra seja uma catedral, uma pátria ou uma choupana. Cantaram em versos inumeráveis o sacrifício de Mestre Manole, por adivinharem que assim cantavam a sua própria vida histórica, o seu sacrifício constante. A adesão dos Romenos a esta lenda é, por si só, significativa. Não se aplicam todo o génio poético e todos os recursos espirituais a refazer um mito sem revelar por êsse ardente interêsse a ressonância que êle teve na alma colectiva.

22 de febreiro de 2025

La Casa de Matriona


Aleksandr Soljenitsine
La Casa de Matriona (1963)

Escrito em 1959 e publicado pela primeira vez em 1963 na revista literária Novyi Mir, órgão oficial da União de Escritores Soviéticos, A Casa de Matriona é uma novela curta que se conta entre as primeiras obras de Soljenitsine, e considerada também como uma das mais conseguidas.
Aqui se conta a história de Ignatich, um professor que passou longos anos preso e decide isolar-se numa pequena aldeia nos confins da Rússia. Fica em casa de Matriona, uma velha viúva que vive sozinha e possui como único valor uma casa de madeira a caminho da decrepitude, infestada por ratos e baratas. Em determinado ponto, por pressão do cunhado, Matriona cede a gornitza, um grande salão anexo à casa, a uma sobrinha recém-casada, que precisava de construir algo em determinado terreno para garantir o seu direito de propriedade. O salão é desmontado e transportado em dois trenós puxados por um tractor. Mas o frete corre mal e do acidente resulta uma tragédia que abala a pequena aldeia.
O livro inclui ainda um segundo texto, um discurso feito em Harvard, em Junho de 1978, quando Soljenitsine levava já quatro anos de exílio nos Estados Unidos. Ao fazer o contraponto entre a sociedade que o expelira e aquela que o acolheu, é impressionante constatar que o diagnóstico feito sobre o Ocidente, há quase cinco décadas, não só não perdeu a actualidade como previu de forma cristalina a consequência no tempo presente.

Apartándose un poco de su rutinario ajetreo cotidiano, Matriona empezó a escuchar con más atención mi radio (no omití instalar a mi lado un parlador, como llamaba al altavoz).
Al oír que habían sido inventadas nuevas máquinas, refunfuñó desde la cocina:
—Nuevas, todas nuevas, y nadie quiere trabajar con las viejas. ¿Dónde vamos a amontonarlas?
Transmitieron que los aviones pueden ahuyentar a las nubes. Matriona, ante su estufa, sacudió la cabeza diciendo:
—¡Ay, ay, ay! Nos volverán algo del revés, el invierno o el verano.
Dieron canciones rusas interpretadas por Shalyapin. Matriona escuchó con atención y luego su concluyente sentencia fue:
—Extraño modo de cantar. Nosotros no lo hacemos así.
—Pero ¿qué dice, Matriona Vasilievna? ¡Escuche, escuche bien!
Volvió a escucharle y, apretando los labios, insistió:
—No. No es así. No canta a nuestro modo. Y se recrea con su voz.
En cambio, en otra ocasión me recompensó. Radiaban un concierto de romanzas de Glinka. De repente, después de oír cinco arias en música de cámara, surgió Matriona del otro lado del tabique, con el mandil entre las manos, emocionada, con sus ojos sin brillo velados por las lágrimas:
—Así, así es como cantamos nosotros... —musitó.

20 de febreiro de 2025

História da Literatura Universal, VII - IX


Eduardo Iáñez
História da Literatura Universal, VII - IX
Vol. VII – O Século XIX - Realismo e Pós-Romantismo (1992)
Vol. VIII – A Literatura Contemporânea até 1945 (1993)
Vol. IX – A Literatura Contemporânea depois de 1945 (1993)


O Vol. VII tem uma primeira parte dedicada ao realismo. Refere o realismo e o naturalismo francês, o romance vitoriano em Inglaterra, e a difusão do realismo pela Rússia, Espanha, Portugal, Itália, Alemanha e Estados Unidos. A segunda parte versa o pós-romantismo e ocupa-se, quase exclusivamente, da poesia nos diferentes espaços culturais e geográficos: França, Inglaterra, Alemanha, Espanha, Portugal, Itália, Estados Unidos e Hispano-América.
O Vol. VIII, o mais extenso da obra, trata das literaturas de transição para o séc. XX e, de modo geral, o seu desenvolvimento durante a primeira metade desse século. São abordadas as literaturas da França, Espanha, Hispano-América, Inglaterra, Estados Unidos, Alemanha, Itália, Rússia e União Soviética, Portugal, e um capítulo final dedicado a outros países europeus.
O Vol. IX, o tomo final, percorre sobretudo as literaturas da segunda metade do séc. XX. Analisa as suas características na RFA e RDA, em Espanha, na Hispano-América, em França, nas Ilhas Britânicas e outros (ex-)territórios do império e cujos autores inscrevem-se na cultura inglesa, nos Estados Unidos, na Itália, em Portugal (incluindo uma perspectiva geral sobre a literatura brasileira), e na URSS. O capítulo final inclui uma panorâmica sobre as literaturas não-ocidentais (japonesa, árabes, etc.), à qual se segue um olhar sobre as literaturas centro-europeias, nórdicas e algumas outras de línguas mais exíguas do espaço europeu.
Uma vez mais, inclui-se um excerto de cada um dos volumes.

Durante o período realista entrecruzam-se e confundem-se diversos contributos e influências. Em muitos autores podemos encontrar vestígios românticos, traços de estilo realista — embora quase sempre sem qualquer intenção crítica — e tímidos decalques das inovações da literatura estrangeira do final do século. No entanto, de um ponto de vista histórico, há que reconhecer no Realismo o primeiro movimento literário alemão que, produzido por um sector da burguesia, superou o idealismo dos séculos XVIII e XIX e transformou a literatura num modo de produção inequivocamente ideológico, feito por e para usufruto da burguesia. Os principais problemas com que realmente se debateram os mais lúcidos e coerentes realistas germânicos foram a debilidade das suas próprias armas, a tendência para a literatura de evasão e a consequente escassez de produções realmente críticas e a sua necessidade de aliança com o poder dadas as vacilações dos seus pensadores, a quem faltava um corpo doutrinal e que, de algum modo, estavam paralisados por uma poderosa sensação de fracasso.
O panorama mudou durante o período naturalista. A carência de objectivos que poderíamos atribuir ao Realismo é agora sobejamente suprida com a adopção de um Naturalismo abraçado por muitos como se de um credo religioso se tratasse. O Naturalismo implicava, em primeiro lugar, uma filosofia de vida que comprometia totalmente o indivíduo. Não se pode minimizar o papel que teve para esta concepção a filosofia de Friedrich Nietzsche (1844-1900), cujo materialismo voluntarista prendeu com força o pensamento da época: máximo artífice ideológico do Naturalismo, a sua obra filosófica lançou as bases da revolução cultural do fim do século e da sua correspondente tradução política. Apenas graças a este pensamento materialista a literatura pôde desligar-se do idealismo imperante na cultura alemã desde o século XVIII. Depois de quase dois séculos, a arte germânica estava em condições de superar a vulgar e empobrecedora visão tradicionalmente burguesa do mundo, de apostar numa vontade modernizadora radical — na qual não faltam traços decadentes — e de conseguir a objectividade científica para que os novos tempos a pareciam chamar.

Entre 1910 e 1925, aproximadamente, a literatura alemã foi dominada pelo Expressionismo, designação por que se conhece um movimento artístico de difícil caracterização. O Expressionismo não se limitou à literatura nem à Alemanha: foi um termo que surgiu entre os pintores adversos ao Impressionismo e, devido à acção dos seus representantes, tornou-se um movimento que se estendeu, rapidamente, por toda a Europa Central. Não é estranho que não possamos situar rigorosamente os seus limites nem defini-lo satisfatoriamente, já que quase todos os movimentos artísticos do princípio do século possuem este carácter indefinido, ecléctico na sua intransigência e radicalmente individualista.
No âmbito da literatura, o Expressionismo foi a última forma que permitiu aos artistas expressarem o seu inconformismo — enquanto parte de uma classe — com um mundo pós-industrial em franca decadência. Foi, portanto, o último grito de rebeldia do espírito romântico, praticamente esgotado na Alemanha com a implantação do movimento expressionista; não foi por acaso que o seu primeiro órgão editorial teve o nome Der Sturm (A Tempestade), em memória desse «Sturm und Drang» que constituiu o arranque do Romantismo na Europa. Esta atitude rebelde, discordante e revolucionária está presente, de uma ou de outra forma, em todos os autores expressionistas que pertenciam ou julgavam pertencer a uma elite intelectual, à qual se continuava a negar a possibilidade de transformar o mundo. Sobre este pressuposto assentam as características fundamentais do Expressionismo alemão: a rejeição de uma sociedade em decomposição, decrépita e em ruínas e os sentimentos de desespero, de absurdo ou de horror que, face a esta situação, invadem o artista (e cuja expressão plástica encontramos na significativa tela de Edvard Munch graficamente intitulada O Grito). Destas características derivam outras, tais como uma vontade pseudo-revolucionária e neo-humanista, um tom profético e visionário — acentuado durante a Primeira Guerra Mundial —, o anticonvencionalismo, etc. A questão formal não é de somenos importância, visto que frequentemente se pretendeu que fosse a única relevante: o tom radicalmente anticonvencional do Expressionismo alemão que, em determinados casos colide com o decadentismo e o Simbolismo, motivou uma autêntica revolução da linguagem e formas literárias. Tal situação podia levar determinados autores a algum destes extremos: um certo patetismo e excessos emotivos em que incorriam figuras de segunda fila; à ostentação experimentalista ou um certo maneirismo cujo atrevimento tocava o exagero.
Os expressionistas, como bons neo-românticos, defendiam que a arte tinha de ser uma exteriorização, uma recriação do «eu» do artista. Portanto, não havia maior beleza que a surgida do interior do sujeito, nem melhor norma que a que este quisesse impor a si próprio — se é que queria impor alguma — em honra da expressividade, verdadeira pedra de toque do ideário expressionista.

Durante os anos 20, a União Soviética viveu um período de transição que possibilitou a efervescência cultural e a ebulição de diversos movimentos, entre os quais se destacou o Futurismo. Foi talvez a grande época das letras soviéticas, que a partir da década de 30 conheceram um inusitado período de progressiva repressão e controlo ideológico por parte do Estado e do Partido, a cujas instruções, enquanto «produção», todas as artes estavam subordinadas.
A situação agravou-se quando o estalinismo pôs em marcha a imensa máquina burocrática que acabou por sufocar o funcionamento do país. Na verdade, eram muito poucos os escritores que podiam agradar ao partido e, por consequência, era também elevado o grau de desconfiança em relação aos «burgueses cultos», que de forma alguma estavam em sintonia com a «arte proletária» preconizada pelo Estado. A União dos Escritores Soviéticos, órgão máximo dos autores do país, tornou-se uma associação de trabalhadores da produção literária. Opôs-se, portanto, a qualquer tipo de indiferença para com a realidade e, evidentemente, a quaisquer mostras de formalismo, e defendeu uma conciliação com a tradição realista como elemento de formação e de educação das massas. Paradoxalmente, tudo isso ocorreu num clima de terror estalinista, que forçou os camponeses à colectivização, deportou aldeias inteiras, abriu campos de concentração e levou a fome a vastas regiões do país. O culto da personalidade em que degenerou o regime com Estaline deixou na literatura a marca de um chauvinismo provinciano, que durante décadas impediu que se conseguisse atingir o nível que seria de esperar num país como a União Soviética.
O resultado foi, inicialmente, uma literatura documentalista e falseadora, que via os autores como «engenheiros da alma» (uma frase de Estaline), conhecedores e transformadores da realidade revolucionária; a literatura assumia assim o papel de instrumento de formação do espírito socialista. Tudo o que significasse afastamento relativamente a estas linhas mestras merecia a censura, a repressão ou mesmo a «purga», efectuada pelo sistema: recordemos os casos de escritores como Anna Akmatova, Tikonov e Pasternak. [...]
Entre 1953, ano da morte de Estaline, e 1956 sucederam-se uma série de acontecimentos de grande importância para a política e cultura soviéticas. Se nos concentrarmos nos aspectos mais relevantes para a vida literária da época, diremos que se respiravam novos ares no II Congresso de Escritores (1954) — no qual, por causa das «purgas» e da desilusão, apenas um quinto dos que participaram nos anteriores repetia a presença —, apesar de se continuar a insistir na necessidade de uma adequação ao realismo socialista. Além de reivindicar a tradição russa e de se abrir ao «decadente» cosmopolitismo ocidental, esse congresso foi palco para a reabilitação de nomes de alguns autores purgados por Estaline. O mesmo faria Krutchev em 1956 com os nomes de Olescha e dos defuntos Babel e Pilniak no XX Congresso do PCUS, onde anunciou a dissolução do Estalinismo e do culto da personalidade, bem como uma maior liberdade criativa a nível literário. Era o final de um período que se resumia, simbolicamente, no suicídio daquele que até então fora o presidente da União de Escritores: Fadeiev, o autor estalinista por antonomásia.


Li anteriormente:
Vol. VI – O Século XIX - Literatura Romântica (1991)
Vol. V – As Literaturas no Século XVIII (1990)
Vol. IV – As Literaturas no Século XVII (1989)

31 de xaneiro de 2025

Don Juan


Luis María Anson
Don Juan (1994)

Centrado na figura de Don Juan de Borbón, conde de Barcelona e pretendente legítimo ao trono de Espanha, o livro, da autoria de um dos conselheiros do círculo mais próximo de Don Juan, começa em 1969, no dia em que este recebeu a fatídica carta de Franco, na qual era informado da decisão de restaurar a Monarquia espanhola na pessoa do seu filho, Don Juan Carlos. Depois prossegue em flash-back, voltando aos inícios dos anos 30, à abdicação de Don Alfonso XIII (pai de Don Juan), à implantação da Segunda República, à Guerra Civil e ao aparecimento e triunfo de Franco. Seguem-se os anos da II Guerra Mundial, o pós-guerra e as décadas seguintes, até à “transición”, com todos os esforços diplomáticos perseguidos pelos partidários da restauração monárquica, as suas estratégias, os seus triunfos e as suas desilusões, concluindo-se com a morte do biografado, em 1993. Sem desperdiçar uma única oportunidade para denegrir e vilipendiar Francisco Franco, nunca lhe reconhecendo qualquer mérito nos resultados da sua governação, percebe-se, nas entrelinhas, que a restauração monárquica, nos termos em que foi proposta – monarquia constitucional segundo o modelo inglês – seria o caminho mais curto para levar de novo os comunistas ao poder, tal como tinha acontecido na Roménia e na Bulgária do pós-guerra, coisa que Franco não podia permitir.
Don Juan é, de certo modo, como o desenrolar de uma longa partida de xadrez, onde nenhum dos oponentes consegue a vitória clara, acabando por triunfar Don Juan, por intermédio do filho, após a morte de Franco.

Tras el café en el salón, el Rey extrae de su pitillera uno de sus toscos cigarrillos de tabaco negro, de picadura, y lo enciende con pausada delectación. Después toma la palabra y con gran serenidad, ademán breve y voz clara, explica a todos:
—Os he reunido esta noche a vosotros, que tenéis toda mi confianza, para explicaros algo que ya conocéis. El Príncipe ha salido hoy de mi autoridad y ha desobedecido una orden mía. Debo decir que tiene ya veintiocho años y en muchas cuestiones su criterio no coincide con el que yo tengo. No quiero hacer críticas, como os podéis imaginar. Pero sí poner los pies en una nueva realidad que se veía venir desde que se casó y yo, por complacerle, acepté que se metiera en la Zarzuela. La unidad de la Dinastía, queridos míos, está rota. Y no podemos basarnos en ella. Toda la política que hemos hecho hasta ahora se ha construido sobre la piña formada por mi hijo y por mí. Eso ya no es así. Resultaría absurdo mantener la ficción y, por tanto, ha llegado el momento de plantearse una nueva política. Os he convocado aquí esta noche porque me gustaría conocer vuestra opinión y vuestras ideas.
Pemán lamenta lo ocurrido y está de acuerdo en que es necesario trazar las líneas de una política renovada. Yanguas pide prudencia y cuenta una historia de cuando él fue ministro de Alfonso XIII. Andes dice que está de acuerdo con Pemán. Fanjul es más expresivo. Cree que al Príncipe le han puesto entre la espada y el Trono. O se aparta de Don Juan o perderá la Corona. Martínez Almeida está muy brillante y traza una nueva y atractiva política liberal. Los demás callan.
—Está claro, en fin —concluye Don Juan con sosiego—, que debemos estudiar cuanto antes las nuevas líneas políticas de nuestra Causa. Lo que hemos hecho hasta ahora, no sirve.
En ese momento, Pedro Sainz, visiblemente alterado, con las papadas zarandeadas por temblores huidizos, con los ojos como sables, con la voz en la frontera del grito, con el sarcasmo a flor de la enlechada piel, agitada la plata turbia del pelo, interrumpe al Rey.
—Ah, de manera que Vuestra Majestad piensa que es tan alto, tan guapo y tan listo que todo lo sabe y los demás somos unos percebes incapaces de prever las cosas más elementales.
Ante el tono de don Pedro y la agresividad del gesto y la voz, Don Juan parece crisparse, pero se domina, en medio de la tensión súbita que se ha creado y que estremece el apacible salón de Villa Giralda.
—Pues no, no es así. Hay algunos menos listos que Vuestra Majestad que teníamos todo esto previsto desde la entrevista del Azor. Pero ¿qué idea se ha formado Vuestra Majestad de quién es Franco? Pero ¿es que todavía no se ha dado cuenta del personaje que tiene enfrente? Franco manda más y dispone de más poder que Felipe II. Franco puede hacer en España lo que le salga de los huevos sin que nadie tenga fuerza para oponerle la menor resistencia. Franco puede proclamar mañana la República, o establecer la Regencia, o poner en marcha la mayor putada que se le pueda ocurrir a Vuestra Majestad. Franco puede hacer Rey a Don Juanito, puede hacer Rey a Alfonso Dampierre, puede hacer Rey a Hugo Carlos, puede hacer Rey al fiambre de Carlos VIII, puede hacer Rey, a ver si se entera Vuestra Majestad, que no se entera nunca de nada, puede hacer Rey, si así se le antoja, puede hacer Rey a su propio caballo, como si fuera Calígula. Y al día siguiente, la Prensa unánimemente aplaudiría su decisión y Emilio Romero escribiría en Pueblo: «Por fin el caudillo ha tomado la decisión más acertada, por fin ha terminado con la ficción de los Borbones caducos y las Monarquías cortesanas, por fin ha dejado como sucesor al símbolo con el que todos estamos de acuerdo, al símbolo de la victoria, al símbolo de la cruzada, al caballo, para que sigamos con el Movimiento como hasta ahora, porque la única sucesión posible del Movimiento Nacional es el propio Movimiento Nacional.
Es tal la belleza formal y la fuerza de la palabra de Pedro Sainz, arisco el gesto, erguida la insolencia, que apenas se oye respirar. Anson nunca le había oído hablar con tal capacidad expresiva.
—Pero ¿qué se ha creído Vuestra Majestad? Pero ¿quién se ha creído Vuestra Majestad que es Vuestra Majestad ante un hombre como Franco? Vuestra Majestad no tiene ni ha tenido desde la conferencia de Potsdam, una sola probabilidad de ser Rey de España. ¿Me ve bien Vuestra Majestad como soy yo, bajo y gordo? ¿Cree Vuestra Majestad que yo podría ganarle un partido de tenis a Manolo Santana? Seguramente no lo cree, ¿verdad? Pues las mismas probabilidades de que yo derrote a Santana tiene Vuestra Majestad de ganarle a Franco o de que Franco le nombre Rey de España. Y sin embargo yo saldría a la pista a jugar porque una lesión de Santana me haría ganar el partido. Ésa es la única probabilidad que ha tenido Vuestra Majestad de ser Rey de España desde 1946: que Franco se muera, que tenga un accidente o que lo maten. Si aquella escopeta de la Navidad del 61 le llega a explotar en la cara en lugar de en una mano, Vuestra Majestad sería hoy el Rey de España. Pero si las cosas siguen como siguen, hay que evitar a toda costa que Franco deje a Muñoz Grandes de regente o nombre a Dampierre sucesor. Con Franco hay que jugar a fondo la baza de Don Juanito, el único anzuelo que puede morder, y luego ya veremos.

18 de xaneiro de 2025

America's Final War


Andrei Martyanov
America's Final War (2024)

Quem conhece Andrei Martyanov do seu blog “Reminiscence of the Future” ou, melhor ainda, do seu canal YouTube, estará por certo habituado às análises demolidoras que costuma fazer sobre as idiossincrasias militares dos EUA, da OTAN e seus aliados, no quadro da corrente OME sobre a Ucrânia. Os comentários dos designados “especialistas” que pululam nos meios de comunicação ocidentais são desmontados até aos alicerces, e America's Final War segue o mesmo caminho. As mentiras absurdas propaladas pela suposta “elite” através das suas caixas de ressonância nos media são expostas, deixando a descoberto a ignorância ou impreparação acerca dos assuntos tratados, por parte dos ditos “especialistas”, que os leva a confundir o pensamento mágico com a realidade, sobretudo no que toca a tecnologia militar. Martyanov denuncia-lhes o desconhecimento atroz da história, das relações internacionais, dos assuntos militares, restando-lhes a arrogância e a apologia de um injustificado mito de invencibilidade, alimentado pela industria do entretenimento.

Here is where Western corporate journalism, which should now be firmly considered as interchangeable with propaganda, fails miserably—while the combined West is in a precipitous decline, modern digital media allows practically anybody to look up any audio, image or video on the internet about the situation in the combined West, and compare with the official narratives. Long are gone the times when some opinion piece in Wall Street Journal or The Economist has been taken uncritically as the ultimate truth. The "sound basis" for Western propaganda is no more. The whole world knows what Detroit or Kensington Avenue in Philadelphia look like. Unlike during Soviet times, many Russian tourists travel extensively around the world and confirm the smell of urine in Paris or that, beyond some touristy routes, London is grey and bleak and unsafe. The economic collapse of the West cannot be hidden anymore, including the misery and desperation of people in the West manifesting itself through social ills and economic dislocation. The steadily unfolding totalitarian future also cannot be denied. In simple words, the two main vehicles of Western propaganda of the last 30+ years—material success and "democracy"—have become recognized as nothing but illusion, a make-belief Hollywood picture. But very few propaganda campaigns damaged the already largely tarnished Western image of a supreme military power that the United States wants to project as the CIA and the U.S. Army's recruitment advertisements promoting the LGBTQ+ agenda. The video about Emma, a daughter of two moms, who enlists into the U.S. Army to become one of the operators of Patriot air-defense complexes became a global phenomenon for all the wrong reasons for the United States—it was ridiculed all around the world, with Dave Rubin summarizing it very well: "We are screwed, people." The most profound indicator of a decline is when one becomes a laughingstock of the world. In 2017 Patrick Buchanan noted about U.S. decline that nobody quakes in their boots from fear of the U.S. anymore. Now in 2024 Washington and its crude propaganda are the laughingstock of the world.
[...]
Reducing all these fairly simple thoughts to an even simpler, much more fundamental cultural factor, we must stress the obvious fact that no U.S. Armed Forces person, from private to four-star general, ever fought in defense of the United States of America. The U.S. military is not just an expeditionary military, it is also imperial military which fights imperial wars of conquest and doesn't address the concept of defense of a Mother- or Fatherland in its strategic and operational documents. Thus, it cannot fight a real conventional combined war of scale against a peer or better-than-peer opponents who fight in defense of their own country. This is a fundamental cultural difference which dictates the warfare on operational and strategic levels. And this cultural and intellectual gap cannot be bridged. Thus, while the Pentagon may learn some tactical lessons or tricks—and even that is questionable due to obsolete TOE (Table of Organization and Equipment) of the NATO armies—the operational and strategic paradigms of the SMO indeed don't apply to U.S. forces, which lack moral and cultural pivot which defines the warrior of continental warfare and the way this warrior fights. The U.S. military doesn't fight in defense of America, it fights for imperial conquests only. Russian soldiers fight in defense of their homeland.
That makes the cultural, moral and spiritual imprints on Russian and American soldiers dramatically different. There are surely still competent and courageous officers and soldiers in the U.S. military, but none of them has any experience of fighting for their wives, children and relatives.
[…]
Furthermore, why should a bankrupt nation, which has failed to adapt to the new technological paradigms in warfare and which faces physical disintegration, plan for war with China, which the United States considers its main "challenger"? The only explanation is this is either wishful thinking, a desperate attempt to grasp at the last straw of greatness past without any attempt to reconsider and maybe reverse suicidal policies which brought the United States to her knees, or simply yet another effort to direct resources towards its militarized economy.
Any real war in Asia, as usual to be false flagged by the U.S., will result in the ultimate crushing of U.S. forces and a complete destruction of the United States, which only then will recognize that it has actually fought its final war.
The problem which the new de facto multipolar world faces is to make sure that America's final war doesn't become a final war for the world which U.S. elites never knew and did not want to know.


Li anteriormente:
Losing Military Supremacy (2018)

31 de decembro de 2024

Drakkares en el Amazonas


Jacques de Mahieu
Drakkares en el Amazonas (1975)

Este livro, Drakkars sur l'Amazone no título original, mas publicado inicialmente em língua alemã, tem inúmeras referências a duas outras obras do autor sobre o mesmo tema (Le grand voyage du Dieu Soleil e L'agonie du Dieu Soleil), a saber, o estabelecimento de víquingues na América do Sul na época pré-Colombo – neste caso concreto na região amazónica, resultado da investigação antropológica e etnológica, confrontada com o testemunho escrito dos primeiros descobridores oficiais do continente e na análise de determinados vestígios arqueológicos. A teoria faz algum sentido e, a ser reconhecida, obrigaria a reescrever a História dos Descobrimentos.

Queda por saber en qué época las guerreras blancas dejaron el Altiplano andino. De seguro, no cuando la Conquista del Perú, que había tenido lugar sólo seis años antes de la expedición de Orellana. Por otra parte, la aristocracia blanca, un tanto mestizada, del imperio de los incas era muy poco numerosa y sus mujeres nunca habían hecho gala de las menores virtudes militares. En fin, los "tatuajes" de las mujeres de Jacicurá no son incaicos, sino tiáhuanacotas, ya lo hemos visto, y la diferencia es apreciable. No hay duda, pues: la partida de las amazonas tuvo lugar hacia 1290.
Fue en esa fecha, en efecto, que los diaguitas del cacique Kari, llegados de Coquimbo, en Chile, atacaron a los vikingos daneses que tenían su capital en Tiahuanacu. Salvo unos pequeños grupos que pudieron escapar, los unos por el Pacífico, los otros en la montaña y la selva, los varones fueron degollados por los vencedores. Pero las mujeres conservaron la vida. Algunas, verosímilmente, fueron tratadas por los indígenas como botín de guerra. Es normal que otras hayan conseguido escapar y hayan tratado de alcanzar el Amazonas donde, como veremos, los vikingos tenían establecimientos: Las mujeres nórdicas de la alta Edad Media, en Europa, gustaban de acompañar en la guerra a los varones de su clan y frecuentemente participaban en sus combates. Las sagas escandinavas están llenas de las hazañas heroicas de las skjöld-meyar, o Vírgenes del Escudo, que muy a menudo han sido comparadas con las amazonas. La conquista y dominación, en Sudamérica, de un inmenso imperio que se extendía del río Maule, en Chile, a la meseta de Cundinamarca (Kondanemarka: la Marca Real Danesa, en norrés) donde está situada la actual Bogotá, sin hablar de los caminos que, por el Paraguay y el Guayrá, llevaban de Tiahuanacu al Atlántico, por cierto que no habían debido de adormecer las virtudes guerreras de las mujeres vikingas de Tiahuanacu.
Las skjöld-meyar del Altiplano se refugiaron, pues, en la selva, al este de los Andes, probablemente en contacto con algunos grupos de hombres que habían tomado el mismo camino, pero que, menos numerosos que ellas, se mantuvieron verosímilmente apartados para no quedarles sometidos. Por la fuerza de las cosas, esas mujeres adoptaron el modo de vida y las costumbres que hicieron de ellas, poco a poco, lo que eran en 1542. Llegadas a orillas del Amazonas, se enteraron de que las guarniciones vikingas de la región, privadas de su base, se habían dispersado y que sus soldados habían, como ellas, por necesidad, adoptado las costumbres de los indios, único medio de sobrevivir.
Probablemente hubieran podido ir a morar con ellos. Pero se habían acostumbrado a la independencia y, tal vez, a las prácticas lesbianas. El hecho es que prefirieron, no sin establecer con los blancos de la vecindad las relaciones —belicosas o amistosas— que ya sabemos, conquistarse un pequeño reino en la región, imponiendo su autoridad a las tribus indígenas. Fue esto, por lo menos, lo que hicieron las amazonas del Alto Nhamundá. Las demás, si las hubo, desaparecieron sin dejar historia.


Li anteriormente:
La geografía secreta de América (1978)

18 de decembro de 2024

Um Homem Não Chora


Luís de Sttau Monteiro
Um Homem Não Chora (1960)

Um Homem Não Chora foi o primeiro livro publicado por Sttau Monteiro, que integra ainda uma outra novela, intitulada Pôr-do-sol no Areeiro.
O primeiro texto, narrado na primeira pessoa, segue um difuso mal-estar que domina a vida de um industrial de chapelaria, entre os seus dilemas existencialistas e a pressão social. Ele pretende a todo o custo divorciar-se da mulher, que lhe é dedicada, quando esse divórcio não é permitido por lei, e acompanhamo-lo nas suas deambulações pela baixa lisboeta, entre o advogado que lhe promete arranjar uma solução, os cafés e as boites, a família, amigos e conhecidos, nos seus hábitos diários em tempo de férias. Dá-se conta do seu gosto por mastigar passas e beber whisky, o que lhe facilita assumir, por vezes, a identidade do “homem da gravata às riscas”, que é uma versão mais caustica, desinibida e provocatória de si próprio.
Na segunda novela encontra-se uma mulher da alta burguesia, com o marido ausente e servida por duas criadas bisbilhoteiras, a quem o proprietário de um “stand” de automóveis decide impingir um carro de alta gama que ali está à espera de comprador. Para isso utiliza um jovem vendedor, que vai tentar seduzir a “velha” e, ao mesmo tempo, levá-la à compra do carro...

— Então que é feito, homem? Não o vejo há muito tempo e tenho pena. Olhe que ainda outro dia falei de si.
— Sim?
— É verdade. Sabe que necessitamos de gente para a Junta de Freguesia e eu sugeri o seu nome. A verdade, meu amigo, é que todos temos obrigação de fazer qualquer coisa. Que diz da minha ideia?
— Nem pense nisso, sr. Engenheiro. Ainda que mo peçam, nunca entrarei para essas coisas. Limito-me a fazer aquilo que sei: chapéus, bonés e barretes.
— Pois tenho pena, meu amigo. Vocês passam a vida a dizer mal e, quando se trata de fazerem qualquer coisa, desaparecem todos.
— Mas eu não digo nada, sr. Engenheiro, nem mal nem bem. Essas coisas não me interessam nem me afectam. De qualquer forma, ainda que eu dissesse mal, não entrava para a Junta de Freguesia ou para qualquer outra junta.
— É o que eu digo: para dizerem mal estão por aqui; para fazerem qualquer coisa, desaparecem.
Não consigo esconder o riso. Alguma coisa me há-de fazer rir! O Rodrigues não compreende por que me estou a rir.
— Por mais que queira, não compreendo nem vejo que isto tenha graça. Olhe que é um triste sinal dos tempos e das pessoas...
— Oiça, sr. Engenheiro Rodrigues, olhe que me não estou a rir do que o senhor disse. Pelo contrário, admiro a sua ingenuidade.
— Ingenuidade?
— Imagine o sr. Engenheiro que eu fora condenado à morte por uma sentença injusta e que passava os meus dias na cela criticando a sentença e o estado das coisas que a tornara possível. Está a imaginar isto? Pois imagine agora que o carcereiro, farto das minhas críticas permanentes, me vinha propor que eu o auxiliasse a fazer uma corda melhor para a forca, isto sabendo eu que acabaria por ser enforcado por essa corda... Imagine agora que o carcereiro, furioso perante a minha recusa, se afastava pelo corredor fora resmungando que os presos passam a vida a criticar mas que, quando se lhes oferece a possibilidade de concorrerem para o melhoramento das coisas, se recusam a auxiliar os que trabalham cheios de boa vontade. Está a perceber? Não acha que isto revelaria ingenuidade?
— O meu amigo não estará a exagerar as coisas?
— É claro que estou. O exemplo que lhe dei não tem nada que ver com a Junta de Freguesia. Apenas lho dei para que o sr. Engenheiro compreenda a minha atitude.
— Enfim... vá lá alguém percebê-los! De qualquer forma, não se esqueça da minha proposta. Se mudar de ideias venha ter comigo.


Li anteriormente:
Angústia Para o Jantar (1961)

15 de decembro de 2024

Inflación Empobrecedora, Deflación Empobrecedora


Salvador Borrego
Inflación Empobrecedora, Deflación Empobrecedora (1980)

Este ensaio de Salvador Borrego introduz o conceito de supracapitalismo, uma forma de capitalismo – desligada já da produção e comércio de bens, que sempre existiu historicamente, ainda que não fosse designado como tal – nascida da confluência do marxismo com o liberalismo. Aqui trata-se da manipulação artificial da procura e da oferta, da pura especulação financeira, da criação deliberada de crises, depressões e ciclos económicos inflacionários, tendo em vista a concentração da riqueza na mão dos agentes que provocam esses eventos, e o consequente empobrecimento dos povos. Explica como esse movimento tem sido feito em tenaz, com dois diferentes braços, conforme a conveniência, sendo um deles a revolução violenta comunista e outro a revolução suave da democracia liberal – amparando-se mutuamente na perseguição do mesmo objectivo. Esse objectivo é a imposição do mundialismo (ou globalismo), pelas elites financeiras e as organizações que lhes servem de peões neste tabuleiro mundial – aqui designadas como a Cúpula político-económica.
Abundam os exemplos documentados de colaboração e financiamento da revolução violenta (como na URSS) pelos potentados financeiros europeus e norte-americanos; aborda a forma como as organizações criadas e subvencionadas por essa gente persegue obsessivamente o mesmo fim (frequentemente encapotados por metáforas apelativas); desmascara a agenda progressista e mundialista da ONU e dos seus vários organismos, o papel da maçonaria e dos mass-media, entre outros temas, cada vez mais prementes no tempo actual.
Editado originalmente em 1980, o livro teve sucessivas edições actualizadas, sendo esta a sétima edição, de 2003, onde se faz referência acontecimentos que entretanto tiveram lugar, como a Guerra do Golfo ou o 11 de Setembro de 2001.

Pese a sus aparatosos avances, la línea violenta (marxista) de la Revolución, llevaba crecientes debilidades en sus entrañas y resultaba inferior al sistema "gradual" ("democrático"), que la Revolución ha adoptado en Occidente. En términos generales esta táctica presenta las siguientes características:
• Control discreto de gobiernos "democráticos" mediante presiones financieras y políticas.
• Que cada nación, con "pluripartidismo", marche "democráticamente" para convertirse en provincia de un Gobierno Mundial.
• En vez de ocupar países con tropas extranjeras, que cada país utilice recursos propios para mantener el rumbo revolucionario.
• Socavar las bases religiosas en forma indirecta, en vez de atacar frontalmente al cristianismo.
• Fomentar el hedonismo, la búsqueda de placer, para que los pueblos se despreocupen de los valores tradicionales.
• Apaciguar a unos estratos con bienestar económico y a otros anularlos con pobreza anonadante.
Después de 70 años se vio que esa táctica era más lenta, pero mucho más efectiva que la adoptada por el Imperio marxista.
Ciertamente el marxismo midió cuanta dosis de castigo podía domar a un caballo salvaje y cuánta era suficiente para someter a un disidente activo. Ensayó fármacos "despersonalizantes" para lograr que presos inocentes se declararan culpables. Creó sanatorios especiales para volver locos a ciudadanos cuerdos. Millones de habitantes fueron confinados en infernales campos de concentración. El terror se aplicó en dosis masivas contra opositores, posibles opositores y hasta parientes de éstos. En setenta años el marxismo liquidó más de 40 millones de vidas.
El plan violento marxista suponía que en dos generaciones todos los habitantes de su Imperio estarían definitiva y totalmente domesticados, y así convertidos en entusiastas marxistas. Pero no fue así... El misterio del dolor les preservó valores en su corazón. ¡Quién lo pensara!... Ni se habituaron a la esclavitud, por más que no pudieran zafarse de ella; ni perdieron la idea de Dios. Y tampoco se volvieron entusiastas marxistas adoradores del Estado. Por el contrario, su repudio al sistema se reflejó catastróficamente en el abatimiento de la producción.
Así se llegó hasta la década de los años 80s., cuando el dictador soviético Yuri Andropov (en realidad apellidado Liberman), inició el proceso para desarmar la gigantesca maquinaria comunista de la URSS. Precisamente él, que era ardiente partidario de la línea violenta; él, que había descuartizado a Hungría en 1956; él, que como jefe de la KGB había aterrorizado durante 15 años a todos los pueblos bajo su dominio.
Ese terrible dictador estuvo de acuerdo en "converger" con sus hermanos de Washington, pero murió en 1984, en vísperas de formalizar el cambio, cosa que le tocó consumar a su sucesor, Mijail Gorbachov, en abril del año siguiente, al anunciar de modo oficial la "perestroika" (reconstrucción).
De ahí en adelante la tarea de erigir un gobierno mundial se simplificó. Ya no se experimentaría a través de dos caminos, sino de uno solo. En otras palabras, la impetuosa corriente marxista detuvo su marcha y se fusionó con el Supracapltalismo. El mando quedó centralizado en las Cúpulas de Washington y Nueva York. La gran CONVERGENCIA o CONCERTACIÓN ha sorprendido a todos los que se resistían a admitir que el comunismo del Kremlin y la democracia supracapitalista de la Casa Blanca han sido —desde 1917— dos diversas caras de un mismo poder.


Li anteriormente:
Infiltración Mundial (1968)
Derrota Mundial (1953)

10 de decembro de 2024

Moll Flanders


Daniel Defoe
Moll Flanders (1722)

Daniel Defoe é conhecido como o autor de Robinson Crusoe, livro que li duas ou três vezes durante a minha adolescência, cujo número de traduções, segundo a lenda, só é ultrapassado pela Bíblia. Mas é Moll Flanders que se considera como a sua obra-prima. É uma história picaresca de uma mulher, desde a sua juventude como protegida de uma família abastada, até à sua velhice, onde alcança por fim a prosperidade. Narrada na primeira pessoa, passa pela sucessão dos seus relacionamentos e casamentos, dos altos e baixos emocionais e financeiros, de como fez do furto a sua profissão durante longos anos, quando a beleza física já não lhe garantia a subsistência, até ser detida na prisão de Newgate, julgada e condenada à morte aos 60 anos. O arrependimento, e um indulto quase sobre a hora da execução, transformam a pena num desterro, materializado no regresso à Virgínia (para onde tinha ido anteriormente num dos seus casamentos, antes de descobrir que tinha desposado o próprio irmão), acompanhada por outro dos maridos, também ele um assaltante, igualmente desterrado, com o qual se tinha casado muitos anos antes em circunstâncias rocambolescas. E é nas províncias americanas que Moll Flanders encontra por fim a paz e a abundância que antes tinha almejado. Com um certo tom moralista, para atenuar os muitos desmandos que se descrevem, Moll Flanders é um esboço espontâneo e divertido de uma certa Inglaterra, no século XVII.

A camarada que ela me indicou tinha três tipos de especialidade, a saber: o roubo de lojas, carteiras e relógios de ouro das mulheres. Ela exercia este tão perfeitamente que nunca mulher alguma chegou a tanta perfeição nesta arte como ela. A primeira e a última destas ocupações me agradavam. Auxiliei-a por algum tempo na sua prática, como se fosse a assistente de uma parteira, sem nenhum salário.
Finalmente, ela me pôs a praticar. Exibira-me sua arte e, por diversas vezes, eu havia desenganchado, com grande destreza, um relógio de sua própria cintura. Finalmente, ela me mostrou uma vítima, uma jovem mulher grávida, que levava um relógio encantador. A coisa devia ser feita à saída da igreja. Ela caminhou ao lado da senhora e, exatamente em frente à escadaria, fingiu cair, e deu-lhe um encontrão com tal violência que a assustou, começando ambas a dar gritos terríveis. No momento em que ela atropelava a senhora, eu pegava o relógio, e, segurando-o da maneira planejada, o choque fê-lo abrir o fecho, sem que a dama o sentisse. Fui embora imediatamente e deixei a minha mestra recuperar-se lentamente do seu fingido medo, junto com a mulher. Percebeu-se, então, que o relógio tinha desaparecido.
— Ah! — disse minha companheira — foram esses velhacos que me fizeram cair, eu lhe garanto. Pena que a senhora não tenha visto antes o desaparecimento do seu relógio, pois podíamos segurá-los.
Ela fez valer tão bem esta explicação que ninguém suspeitou. Cheguei em casa uma hora antes dela. Foi a minha primeira aventura acompanhada. O relógio era muito bonito, na verdade; tinha muitas pedras. Minha protetora deu-nos vinte libras por ele, das quais me coube a metade. E assim eu me tornei um perfeita ladra, extremamente endurecida, sem nenhuma consciência ou pudor, num grau que eu jamais acreditaria possível em mim, devo reconhecê-lo.


Li anteriormente:
Robinson Crusoe (1719)

17 de novembro de 2024

História da Literatura Universal, IV - VI



História da Literatura Universal, IV - VI
Vol. IV – As Literaturas no Século XVII (1989)
Vol. V – As Literaturas no Século XVIII (1990)
Vol. VI – O Século XIX - Literatura Romântica (1991)


O Vol. IV é dedicado à literatura barroca, uma derivação da literatura renascentista que floresceu sob formas muito diferenciadas nos diversos estados europeus, e ao classicismo, que pressupunha um regresso aos pressupostos do renascimento. Este tomo abarca o barroco espanhol, italiano, português, inglês, holandês e alemão; debruça-se também sobre o classicismo francês e a literatura inglesa da Restauração. O Vol. V integra o Iluminismo, neoclassicismo e pré-romantismo, com um grande destaque para as literaturas francesa e inglesa; aborda também a literatura portuguesa, espanhola, italiana e alemã, e inclui ainda um resumo acerca do aparecimento das literaturas escandinavas e eslavas: sueca, noruego-dinamarquesa e russa. O Vol. VI refere os diferentes romantismos, por vezes quase antagónicos, surgidos em várias geografias. O maior destaque vai para o romantismo inglês e alemão, seguindo depois pelas literaturas francesa, espanhola, italiana, portuguesa e russa, bem como um resumo do romantismo dinamarquês, escandinavo e eslavo. Inclui depois um capítulo mais alargado dedicado à literatura dos Estados Unidos, e encerra com outro capítulo relativo às literaturas hispano-americanas.
De novo, como exemplo, fica um excerto de cada um dos volumes.

A tradição do Renascimento português, muito rico em obras de natureza histórica e geográfica, ou com pretensões a isso, seria continuada no século XVII e de certo modo completada e fechada na interpretação da sua grandeza e poderio ultramarino iniciado no século anterior.
O mais ambicioso e sintomático dos projectos foi, neste sentido, a redacção da Monarquia Lusitana, primeira tentativa de uma historiografia portuguesa realmente moderna. Concebida e redigida no mosteiro beneditino de Santa Maria de Alcobaça, foi iniciada pelo cronista Frei Bernardo de Brito (1568-1617), que tomou como princípio – num sentido medievalista próprio da redacção eclesiástica – a criação do mundo, recolhendo lendas, tradições e relatos populares. Frei António Brandão (1584-1637) continuou esse trabalho com uma mais rigorosa comprovação das fontes, restaurando em grande parte o sentido da moderna historiografia portuguesa e esse trabalho seria prosseguido por outros monges até ao século XVIII.
A obra do dominicano Frei Luís de Sousa (1555-1632), menos importante, costuma limitar-se à hagiografia, mas devemos referir também os inacabados Anais do Rei Dom João III, redigidos por incumbência de Filipe IV entre 1630 e 1632, sobretudo pelo seu documentado carácter estritamente histórico.

A configuração da novela como género literário na Inglaterra do século XVIII tem algumas causas pelo menos imprecisas, embora se possam referir alguns condicionalismos muito concretos: em primeiro lugar, existiam nesse país as condições materiais necessárias para a consolidação de uma nova classe média capitalista, da qual se salientará a literatura enquanto produto inserido no prometedor mercado nacional; em segundo lugar, existia um precedente claro para o êxito da nova fórmula narrativa: Robinson Crusoé, uma obra que acertou com o modelo próprio da novela até aos nossos dias; em terceiro lugar – tal como se adivinha justamente na obra de Defoe –, a descoberta do subjectivismo e do sentimentalismo, que se deixava já antever desde a prosa da Restauração inglesa, possibilitou uma nova concepção do Mundo cuja tradução directa seria a novela moderna.
Na verdade, o aparecimento da novela moderna, não somente na Inglaterra, mas em toda a Europa, está determinada pela configuração de um gosto «sensível» cifrado na subjectividade e confrontada esta com a «razão universal». Por isso, assiste-se então ao culminar de um processo ideológico que, começado com o Renascimento europeu, nos alvores da modernidade, se manifesta abertamente neste século XVIII e chega aos nossos dias com alguns traços críticos devidos à crise ideológica de finais do século XIX. O subjectivismo que impregna o novo gosto literário, próprio da classe média e satisfeito com os autores dela saídos, faz com que a novela moderna se diferencie da anterior no seu abandono da «aventura exterior» pela «interior»: a estrutura narrativa não se sustenta já no encadeamento de acontecimentos, mas na exploração dos sentimentos e da consciência dos personagens, seres individuais, e não poucas vezes individualistas, que se confrontam com condições adversas no desenvolvimento ou confirmação da própria personalidade.

O século XIX vai conhecer uma grande diversificação do campo literário como meio de expressão da própria literatura. Até esse momento, a literatura necessitou do tratado teórico para se pensar a si própria. O grande achado do Romantismo neste âmbito foi o da estrita subjectividade do literário e, portanto, a descoberta de múltiplas formas para a expressão de ideias literárias. O interesse pela crítica e pela teoria literária não era novo, pois tinha nascido com a definição plena da consciência burguesa no século XVIII, precisamente em Inglaterra, onde essa classe se tinha servido de um novo género, o jornalismo, para a difusão dos ideais burgueses ilustrados. Seguindo essa tendência, os românticos tratarão os assuntos literários, culturais, sociais e ideológicos em geral, não só com base em determinados modelos formais, como socorrendo-se de outros anteriores – o ensaio –, dando-lhes uma forma moderna – por exemplo, a autobiografia – ou, inclusivamente, fazendo-os surgir da confluência de outros – por exemplo, a crítica impressionista. Produz-se desta forma a especialização de um certo sector da classe culta como «intelectuais», pensadores teóricos e críticos da sociedade e da cultura do seu tempo, com uma consciência de profissionalização e especialização que tem as suas origens no século XVIII. Resultado igualmente desta especialização do saber literário, tanto como da sua associação a uma classe burguesa altamente politizada, é a formação de «grupos» de intelectuais – geralmente associados a sectores conservadores e liberais – que irão proliferar a partir do início do século XIX.


Li anteriormente:
Vol. III – O Renascimento Literário Europeu (1989)
Vol. II – A Idade Média (1989)
Vol. I – As Literaturas Antigas e Clássicas (1989)

21 de outubro de 2024

La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada



Gabriel García Márquez
La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada (1972)

Este livro é composto por seis contos e uma novela curta, que lhe dá o título e ocupa sensivelmente metade das páginas. Os sete textos, da época de Cem Anos de Solidão, são muito diferentes entre si; alguns são muito breves, mas em todos se reconhece facilmente o universo literário de Gabriel García Márquez, com um par de personagens que reaparecem em diferentes contos. O texto principal, a novela, conta como uma rapariguinha órfã é explorada como criada pela sua avó, até ao dia em que causa, inadvertidamente, um incêndio na sua mansão. A velha determina que a neta vai ter de pagar o prejuízo, por ela avaliado em um milhão de pesos, literalmente com o corpo; parte então em viagem constante por vilas e aldeias, vendendo o corpo da rapariga, juntando ouro, e manejando as circunstâncias de modo que a dívida nunca possa chegar a ser paga – uma metáfora do funcionamento da especulação financeira global. O excerto escolhido pertence ao terceiro conto, El ahogado más hermoso del mundo.

Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.
Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo.
No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdigadas en el
extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, y a los pocos muertos que les iban causando los años tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos.


Li anteriormente:
Los Funerales de la Mamá Grande (1962)
El Coronel no Tiene Quien le Escriba (1961)
La Mala Hora (1962)

14 de outubro de 2024

El Terrorismo que Creó al Estado Sionista



Bassam Bishuti
El Terrorismo que Creó al Estado Sionista (1969)

Não se encontra facilmente informação sobre o autor, além da referência à versão inglesa deste livro (The Role of the Zionist Terror in the Creation of Israel) aparentemente editado pela primeira vez em Beirute no ano de 1969, bem como um outro título, La Violencia Encubierta del Sionismo Mundial, de 1976.
Este livro, aparecido na ressaca da Guerra dos Seis Dias, em 1967, dedica o grosso da atenção ao período decorrido entre a Declaração Balfour (1917) – onde a Inglaterra se comprometeu perante o Barão Rothschild e a Federação Sionista da Grã-Bretanha em proporcionar ao povo judeu um território, em troca da ajuda aos Aliados na Grande Guerra – e 1948, data da proclamação da independência do Estado de Israel. Quanto ao território mencionado, claro que não se situava no vastíssimo Império Britânico, mas na Palestina, então pertencente ao Império Otomano, que ficaria do lado dos derrotados. Repartidos, depois da guerra, os territórios do Médio Oriente entre a França e a Inglaterra, a Palestina ficou sob mandato britânico, com a finalidade do futuro Estado de Israel ser uma salvaguarda dos interesses britânicos na região.
Dois anos após a Declaração Balfour, devido à emigração fomentada pelos sionistas, habitavam já 65 mil judeus na Palestina, 7% da população total, que detinha 2% das terras. A emigração massiva continuou, para favorecer a mudança étnica, e doze anos decorridos, o número de judeus aproximava-se já dos 120 mil. Apesar do esforço, em 1948, os judeus não possuíam mais de 6% das terras. Algures durante este percurso, os ingleses aperceberam-se que a independência de Israel poderia arrastar à independência os países árabes da vizinhança, e fizeram tudo para limitar a emigração dos judeus para a Palestina, o que foi entendido como uma “traição” ao acordo e esteve na origem dos ataques terroristas contra as tropas britânicas. Organizações terroristas judias, como a Haganah, dirigida e supervisionada pela Agência Judaica, a Stern e a Irgun, assassinos profissionais, “dissidentes”, levaram os britânicos ao rápido abandono do território sob mandato internacional e a passagem das suas responsabilidades para a ONU entre 1947 e 1948. O plano de partilha da ONU foi um esboço impraticável que ofereceu aos judeus 60% das melhores terras (eles eram já 32% da população em 1945), e deixou-os de mãos livres para se desembaraçar dos palestinos, que ali habitavam há séculos. O excerto abaixo refere-se ao massacre de Deir Yassin, em 1948, uma aldeia sem importância nem valor estratégico, situada na zona internacional de Jerusalém, uma das primeiras façanhas de Israel, um estado criado e sustentado pelo terror desde a sua fundação.

En la mañana de aquel día, "una fuerza del IZL (Irgun) y del Grupo Stern de unos doscientos hombres atacó a la aldea árabe". Los hombres de la aldea estaban trabajando fuera. Begin describe el principio del incidente. Dice que "...uno de los nuestros, que llevaba un altavoz, se colocó a la entrada de la aldea y exhortó en árabe a todas las mujeres, niños y viejos a marcharse de sus casas y refugiarse en las faldas de la colina"; algunas de las mujeres y niños lo hicieron, pero no todos. Parece que hubo alguna defensa por parte de los árabes, porque hubo lucha. Según Begin otra vez, sus hombres "se vieron compelidos a luchar casa por casa; (y) para derrotar al enemigo utilizaron un gran número de granadas de mano" que lanzaron a las casas. En este ataque, Begin dice que sus terroristas "tuvieron cuatro muertos y casi cuarenta heridos"; sin embargo, según el comandante del Irgun de la fuerza atacante, en un discurso que dirigió a los judíos de Nueva York durante una visita a los EE.UU. más tarde, las víctimas terroristas fueron "8 muertos y 57 heridos"; de los habitantes de Deir Yassin, sin embargo, "unos 250 murieron, alrededor de la mitad de ellos eran mujeres y niños", según una investigación británica de aquel período. La manera en que estos árabes fueron asesinados causó horror y pánico entre los árabes de Palestina.
Después que la defensa árabe se había acallado, los terroristas del Irgun y del Grupo Stern agruparon a los habitantes de Deir Yassin, de los cuales más de la mitad eran mujeres y niños y les dejaron de pie bajo vigilancia en la plaza de la aldea, mientras ellos entraban en las casas y saqueaban todas las cosas de valor que pudieran coger. En seguida empezaron la carnicería, que es conocida por todo árabe como "la matanza de Deir Yassin". Los terroristas judíos clavaron sus bayonetas y asesinaron a las mujeres que estaban embarazadas, cortaron a los niños que gritaban en pedazos, delante de los ojos de sus madres. Mutilaron a las mujeres jóvenes y muchachas, cortando sus miembros después de violarlas. Ancianos y hombres jóvenes fueron deliberadamente torturados hasta la muerte, mientras que las mujeres y muchachas que quedaban fueron despojadas de toda su ropa y metidas en camiones y llevadas a Jerusalén para hacer con ellas un desfile en el barrio judío de la Ciudad Santa.
Inmediatamente después de la matanza, la Haganah llegó y bloqueó la aldea durante dos días para evitar la entrada mientras quemaban los cadáveres y echaban los restos en los pozos de la aldea en un esfuerzo para borrar toda huella de las atrocidades. Cuando el representante en Palestina de la Cruz Roja Internacional, monsieur De Reynier, pudo visitar la aldea dos días más tarde, logró ver alguna de las huellas de lo que había ocurrido. Quedó horrorizado por lo que vio, la impresión de la acción de la IZL que se formó fue que había sido "una matanza deliberada". [...]
Las noticias de la matanza de Deir Yasin causaron honda impresión en Palestina y el mundo árabe. Los árabes de Tierra Santa quedaron estupefactos. De pronto comprobaron que ser apacibles campesinos no les salvaba del salvajismo judío-sionista. De esta manera, cuando los terroristas sionistas se acercaban a una aldea para atacarla, los habitantes árabes huían aterrorizados. Pronto, pueblos y ciudades fueron evacuados, y cuando los sionistas se enfrentaron con obstinados árabes que rehusaron marcharse, los terroristas con gusto repetían algunos de los actos de la tragedia de Deir Yassin en su beneficio. Los pateaban los golpeaban y los obligaban a correr a tiros, o torturaban a cuantos tuvieran tiempo para hacerlo. Abundan los relatos del salvajismo judío en Palestina; han sido repetidos de forma ilimitada por Israel en tierras árabes ocupadas como resultado de la guerra de junio de 1967.

9 de outubro de 2024

O Duplo e a Quimera



Ivan Turgueniev
O Duplo e a Quimera (1864)

O título original desta noveleta, em russo, é algo como Prizraki, que se traduz em português como “Fantasmas”, distante do imaginativo título que o editor português lhe atribuiu – o que não é, infelizmente, um procedimento demasiado invulgar no nosso país. Sendo um pequeno livro que não chega às 70 páginas, metade das quais ocupadas por uma espécie de prefácio ficcionado, em forma de diálogo com Turgueniev, acerca do texto principal, O Duplo e a Quimera é um produto acabado do romantismo, apesar de Turgueniev ser mais conhecido pelas suas obras no realismo.
Um jovem aristocrata russo, narrador na primeira pessoa, conta os encontros, em noites sucessivas, com um ser espectral – uma jovem mulher chamada Ellis, que vai ganhando corporalidade com o decorrer das noites, enquanto o narrador se vai debilitando. Ela transporta-o em voos vertiginosos até vários lugares e cidades do continente europeu, viajando também pelo tempo numa dessas noites, de visita à Roma Antiga e a um barco de piratas cossacos do séc. XVII. «Na realidade, quem era Ellis?» pergunta-se no final. «Uma aparição, uma alma penada, um espírito mau, um vampiro...»

Os últimos ecos da minha voz ainda ressoavam, quando ouvi... mas desisto de descrever a que experimentei. — Primeiro, foi um ruído confuso, dificilmente perceptível ao ouvido, e repetindo-se incessantemente, de trombetas e palmas. Parecia que nalgum lado, prodigiosamente longe, ou num abismo sem fundo, se agitava uma multidão numerosa — erguia-se, levantava-se em vagas concentradas, sempre a dar gritos abafados, semelhantes àqueles que se escapam do peito, nesses sonhos pesados que parecem durar séculos; depois, o ar foi perturbado e ficou mais sombrio por cima da ruína. Tive então a sensação de ver sombras surgir e desfilar, miríades de sombras, milhões de formas, umas arredondando-se em elmos, outras projectando-se como lanças. Os raios da lua dividiam-se em inúmeras centelhas azuis nestas lanças e capacetes, e todo este exército, toda esta multidão se apressava, se empurrava, avançava, crescia... Sentia-se que era animada por uma energia indizível, capaz de revolver o mundo. Contudo, não havia uma única forma que se destacasse... De repente, toda esta multidão é agitada por um movimento estranho — dir-se-iam vagas imensas que se afastam, que recuam. Caesar! Caesar venit! repetem mil vozes confusas, semelhantes ao estremecimento das folhas numa floresta sobre a qual se abate um furacão. Um toque surdo ressoou, e uma cabeça pálida, severa, com as pálpebras fechadas, cingida por uma coroa de louros, a cabeça do imperator, saiu lentamente da ruína.
Não, não há palavras numa língua humana para exprimir o terror que se apossou de mim. Disse a mim próprio que se aquela cabeça abrisse os olhos, se os seus lábios se descerrassem, nesse instante morreria. «Ellis, gritei, não quero, não posso!... Leva-me para longe de Roma, desta brutal e terrível Roma! Partamos!»

8 de outubro de 2024

El Mito de la Inteligencia Artificial



Erik J. Larson
El Mito de la Inteligencia Artificial (2021)

Erik J. Larson, cientista da computação e doutorado em filosofia, tendo trabalhado em vários projectos empresariais de IA, é um escritor cuja opinião se fundamenta em bases sólidas, não em palpites nem em estados de espírito. Este livro, cujo título original é The Myth of Artificial Intelligence: Why Computers Can’t Think the Way We Do, faz um resumo histórico do desenvolvimento da IA e dos limites encontrados nesse percurso (tradução automática, programação, aprendizagem automática, etc.). Sem colocar de parte a possibilidade de se alcançar uma verdadeira IA, o autor identifica o “mito”, tanto no aspecto científico como no da cultura popular, na inevitabilidade da sua chegada, tomando como certo o caminho iniciado para a sua hipotética implantação – o que não passa, diria eu, de mais uma das expressões da crença no progresso, contínuo e ilimitado, que caracteriza o mundo moderno.
Uma das premissas para a existência da IA é o completo domínio da linguagem, coisa que terá de ser fundamentada numa teoria geral do conhecimento, que está muito longe de existir. A programação numa máquina daquilo que é a “intuição” ou o “senso comum” dos seres humanos, essencial para evitar erros grosseiros numa IA, é ainda uma miragem. O caminho que se tem seguido é o chamado “big data”, esperando que, do processamento de cada vez maiores quantidades de informação, as máquinas descubram um método para preencher os vazios da nossa própria compreensão sobre o cérebro, para depois replicar os processos – e não está a resultar, porque se atinge uma “saturação” na qual, a partir de determinado limite, a aprendizagem não só não melhora como tende a decair. Segundo o autor, seria necessário valorizar novamente o factor humano e apostar na descoberta de uma teoria forte que orientasse as hipóteses criativas e estimulasse a investigação.

Fijaos en que no estoy diciendo que la IA verdadera sea imposible. Como les gusta señalar a Stuart Russell y a otros investigadores de IA, algunos científicos del siglo XX, como Ernest Rutherford, pensaron que era imposible construir una bomba atómica, pero Leó Szilárd descubrió la manera en que operan las reacciones nucleares en cadena —y lo hizo apenas veinticuatro horas después de que Rutherford diera la idea por muerta—. Es un buen recordatorio de que no se debe apostar contra la ciencia. Pero piensa que la reacción nuclear en cadena se desarrolló a partir de unas teorías científicas comprobables. Las teorías acerca de la evolución tecnológica de un poder mental no lo son.
Las declaraciones de Good y Bostrom, presentadas como una inevitabilidad científica, son más bien una concesión a la fantasía: ¡imagínate que esto fuera posible! Y no cabe duda de que sería genial. Y quizá peligroso. Pero imaginar escenarios hipotéticos nos aleja mucho de una discusión seria sobre lo que nos espera.
Para comenzar, una capacidad de superinteligencia general debería estar conectada al resto del mundo de manera que pudiera observar y «hacer conjeturas» de manera más productiva que nosotros. Y, si la inteligencia también es social y situacional, tal y como parece que debe de ser, se requerirá una inmensa cantidad de conocimiento contextual para diseñar algo más inteligente. El problema de Good no es mecánico y restrictivo, sino que más bien atrae hacia su órbita la totalidad de la cultura y la sociedad. ¿Dónde está el plano más simple y remotamente plausible para ello?
En otras palabras, la propuesta de Good se basa, una vez más, en una visión de la inteligencia simplista e inadecuada. Presupone el error original de la inteligencia y le añade otro juego de manos reduccionista: que una inteligencia mecánica individual puede diseñar y construir otra inteligencia mecánica individual superior. Que una máquina pueda situarse en tamaño punto de creación arquimédica parece improbable, por decirlo con suavidad. En realidad, la idea de la superinteligencia es una multiplicación de errores, y representa la esencia del punto al que ha llegado la fantasía en relación con el advenimiento de la IA.
[…]
Hay otros ejemplos ya célebres —o quizá deberíamos decir tristemente célebres—. En 2016, Microsoft lanzó su esperadísimo bot conversacional, Tay. El gigante del software publicitó a Tay como un salto espectacular sobre los sistemas antiguos basados en reglas, como aquella famosa ELIZA de apariencia humana salida de los años sesenta, ya que de hecho podría aprender de la interacción con el usuario y los datos online. Pero diríase que no se estudiaron bien las lecciones de la inducción y sus límites, pues Tay se tragó feliz la secuencia de clics racistas y sexistas con que lo trolearon, además de otros discursos de odio que encontró en la red. Tay se convirtió en un alumno aventajado en metadatos, dedicándose a soltar tuits que decían «Es que odio a las feministas, joder» o «Hitler tenía razón: odio a los judíos» para consternación de Microsoft, que tardó menos de un día en cancelar esa exhibición de odio. Pero deberían haber previsto ese resultado, dada la naturaleza esencial que se escogió para su diseño, basada en el concepto de «basura entra, basura sale» (GIGO en sus siglas inglesas). Tay fue un ejemplo de miopía corporativa acerca del propio enfoque técnico —y un ejemplo más de IA débil—. En este caso, una comprensión real habría otorgado a Tay un mínimo de capacidad para filtrar aquellos tuits que resultaran ofensivos. Pero, puesto que para comenzar no disponía de esa comprensión real sobre el lenguaje o los tuits, se puso a regurgitar todo lo que consumía. Tay es un ejemplo memorable (pero, por desgracia, fácil de olvidar) del carácter de sabio idiota que tiene la IA basada en datos.